¿Las casas prefabricadas son la solución a la problemática de la vivienda?

Date: 05 Marzo 2025

En los últimos años, el debate sobre las casas modulares y los sistemas de construcción industrializados ha cobrado relevancia en el sector de la arquitectura y la construcción. 

Arquitectura industrializada vs. arquitectura prefabricada

Desde mi experiencia dirigiendo mi despacho de arquitectura, y con base en los proyectos que hemos desarrollado en Mallorca, considero que es un sistema tremendamente interesante, pero con matices que deben analizarse en cada caso.

Elsistema industrializado puede desarrollarse de diversas maneras, utilizando materiales como la madera, el hormigón o estructuras metálicas. Cada opción tiene sus particularidades y ventajas, lo que permite adaptar la solución a las necesidades específicas de cada proyecto.

Uno de los errores más comunes es confundir arquitectura industrializada con arquitectura prefabricada. Muchas veces se asocia la prefabricación con viviendas estándar, producidas en serie, sin margen para la personalización. Sin embargo, la industrialización es solo un sistema constructivo más, que no debería condicionar el diseño de un proyecto.

Un arquitecto puede diseñar una vivienda completamente a medida y, una vez definido el proyecto, decidir si se ejecuta con un sistema tradicional o industrializado. Los sistemas industrializados pueden requerir ciertos ajustes técnicos, pero no deberían alterar el diseño arquitectónico en sí.

Ventajas del sistema industrializado

Este método está ampliamente implementado, especialmente en países con condiciones climáticas extremas, donde la construcción en fábrica permite avanzar sin depender del tiempo atmosférico. En España, donde las condiciones climáticas son más favorables, esta necesidad no es tan determinante, pero hay otras ventajas que hacen que el sistema industrializado tenga cada vez más sentido:

  • Mayor control de calidad. En la construcción tradicional, la calidad depende en gran medida de la mano de obra disponible en el lugar de ejecución, donde pueden producirse errores difíciles de corregir a largo plazo. En una fábrica, en cambio, el control de calidad es más riguroso y sistemático, lo que reduce la posibilidad de defectos.

  • Mayor precisión en el diseño. La industrialización exige que el proyecto esté totalmente definido antes de su ejecución. Esto evita improvisaciones en obra y sobrecostes derivados de cambios de última hora.

  • Mayor control de costes y plazos. En la construcción tradicional, los sobrecostes suelen surgir por modificaciones durante la obra, lo que también impacta en los plazos de ejecución. Con un sistema industrializado, tanto los costes como los tiempos están más cerrados desde el inicio.

  • Reducción de accidentes laborales. En una fábrica, el entorno está controlado, con menos exposición a condiciones climáticas extremas y con procesos más automatizados. Además, a medida que la robótica avance, cada vez más tareas podrán ejecutarse con precisión sin el desgaste físico que supone el trabajo en obra.

¿Es más barato?

En el despacho hemos tenido la oportunidad de analizar algunos proyectos con sistemas industrializados, especialmente en el contexto del aumento del precio de los materiales en los últimos años, y también debido a que en Mallorca otro factor clave es la mano de obra. Encontrar trabajadores cualificados es cada vez más difícil y los costes laborales siguen en aumento debido al encarecimiento del nivel de vida en la isla.

Ante esta realidad, se podría pensar que un sistema industrializado permitiría reducir costes, al contar con mano de obra procedente de la península, donde los salarios son distintos. En la práctica, aunque en algunos casos los costes pueden disminuir, la diferencia en las ofertas iniciales no siempre es lo suficientemente significativa como para que los clientes se decidan por este sistema sin dudas. En varios proyectos analizados, los clientes han optado por la construcción tradicional, ya que el ahorro no les ha parecido lo bastante relevante en comparación con el riesgo de usar un sistema que aún les resulta desconocido.

Sin embargo, una de las ventajas del sistema industrializado es el control más estricto de los costes desde el inicio. En la construcción tradicional, los habituales cambios solicitados durante la obra pueden generar incrementos en tiempo y presupuesto, lo que da lugar a sobre-costes imprevistos. Al reducir estos cambios al mínimo, la industrialización permite que el coste final sea más predecible, evitando desviaciones económicas inesperadas, lo que se traduce en un ahorro al final del proceso.

Otro aspecto a considerar a la hora de seleccionar el sistema constructivo es que, aunque se opte por un sistema industrializado, hay trabajos que necesariamente deben realizarse in situ: excavaciones, movimientos de tierras, muros de contención, piscinas... En terrenos con pendientes o condicionantes específicos, la parte "industrializable" del proyecto se reduce. Esto, en algunos casos, ha llevado a los clientes a optar por una empresa de construcción tradicional que se encargue de todo el proceso en lugar de combinar los diferentes sistemas constructivos.

Sin embargo, ya existen empresas que gestionan tanto la parte de fábrica como la ejecución in situ, asegurando una mejor coordinación entre los dos sistemas.

¿El futuro? No, el presente  

El sistema industrializado sigue evolucionando, mejorando en calidad, eficiencia y tecnología. Aunque en algunos países la construcción industrializada es una realidad consolidada, en otros todavía persisten barreras culturales y falta de confianza en estos sistemas. Con el tiempo, su conocimiento y aplicación irán en aumento, permitiendo que más profesionales y clientes lo consideren una opción viable. Su consolidación dependerá tanto de la evolución tecnológica como de la percepción de calidad y precisión que estos sistemas puedan ofrecer.

Como en cualquier sector, existen empresas con distintos niveles de calidad, tanto en la construcción tradicional como en la industrializada. Sin embargo, la tendencia es clara: la industrialización marcará el futuro de la construcción, con cada vez más empresas especializadas optimizando estos procesos. No se trata solo de reducir costes o acortar plazos, sino de garantizar un resultado final con mayor calidad y precisión.

La construcción industrializada no es una novedad ni una tendencia emergente, sino una realidad en muchos sectores. En proyectos de gran escala, como hoteles, hospitales o edificios de viviendas, su eficiencia es indiscutible debido a la repetición de elementos que permite su optimización.

Incluso en proyectos históricos encontramos ejemplos de industrialización. Un caso claro es el Parc Güell de Antoni Gaudí, donde los bancos semicirculares fueron fabricados en taller y ensamblados in situ, demostrando que la prefabricación es una técnica con siglos de historia.

Para comprender mejor su importancia, podemos imaginar la historia al revés: si la construcción siempre hubiera sido industrializada y alguien propusiera en la actualidad construir viviendas in situ, expuestas a las condiciones climáticas, con trabajadores improvisando sobre planos y sin un control de calidad riguroso, y con sobre-costes durante la obra,  probablemente se vería como un retroceso en eficiencia y precisión.

A medida que se reduzcan las barreras culturales y logísticas, veremos un crecimiento progresivo de estos sistemas en España. En Mallorca, factores como el transporte y la normativa pueden ralentizar su implantación en viviendas unifamiliares, pero su expansión es solo cuestión de tiempo.